El Pan de Fiesta

La elaboración del tradicional pan de fiesta ha sido una herencia familiar, pues ha pasado de generación en generación, razón por la cual el 18 de marzo del 2021 se declaró al Pan de Fiesta, como Patrimonio Cultural Inmaterial y Gastronómico del Estado. En la actualidad, especialmente los días miércoles y jueves, los transeúntes pueden recorrer las calles de la población y deleitarse con el exquisito olor del pan recién horneado de una gran variedad de sabores: nuez, vainilla, de nata, relleno de cajeta o de queso con zarzamora.

Su origen se sitúa en este municipio, razón por la que a san Juan Huactzinco se le ha dado el título de “la cuna del pan de fiesta”, también a éste ya que se tienen datos de que esta población se ha dedicado desde 1857 a la elaboración del “pan de fiesta”, época en que su preparación era muy rudimentaria pues las manos de hombres y mujeres amasaban harina, panela y aguamiel, conocido como “xaxtle”, el cual era extraído del maguey para que éste provocara la fermentación de la masa y que le daba un sabor muy especial, de ahí que también era conocido como “chimixtlán”, aunque estos ingredientes fueron sustituidos posteriormente por levadura y azúcar.

Antes de reposar en la artesa, el amasijo reposaba en sábanas sobre los petates y después se cocían en hornos hechos con piedra y adobe.

Se tiene conocimiento que es en esta población donde se construyó el primer horno; sin embargo, éste con el paso del tiempo ha desaparecido.

Su peculiar nombre obedeció a que era vendido en las fiestas patronales de los pueblos aledaños, afuera de las iglesias o en los puestos instalados en las calles durante las ferias y era comprado por muchos viajeros para llevarlo a sus hogares.

Al incrementarse la demanda del pan muchos agricultores dejaron el campo para dedicarse a la elaboración del chimixtlán y poco a poco conforme fue aumentado su fama se comenzó a comercializar en lugares lejanos. Para trasladarlo se empacan en huacales y utilizaban burros, por lo que también se conocía como “pan de burro”. Para conservarlo fresco por varios días, utilizan hojas de árbol de zapote envueltos en  manta, esto hace que se conserve su aroma y sabor.

El pan de fiesta suele ser el compañero perfecto del café de olla,  del atole, ponche o chilatole, aunque también se ha popularizado su consumo como postre relleno de helado. Este pan se puede encontrar en diferentes presentaciones; los tradicionales panes alargados (piezas o de eslabón), los redondos (morelianas), en forma de corazón, ovalados (pechugas o sopes) y de diferentes tamaños y sabores, pero todos perfectamente decorados con ajonjolí, pasas, nueces o ate.

Su fama y consumo ha traspasado fronteras, pues no sólo se  consume en diversos estados  de  la república, como: Puebla, Estado de México, CDMX, Chiapas, Tabasco, Hidalgo, Querétaro o Jalisco, sino que se ha llegado a exportar a Estados Unidos, país donde los inmigrantes originarios de San Juan Huactzinco también lo elaboran y venden.

Gastronomía

Platillos ancestrales. Dentro de la gastronomía de San Juan Huactzinco se incorpora mucho de la herencia prehispánica, la cual ha sido enriquecida con ingredientes españoles. Los guisos y platillos elaborados por los ancestros se elaboraban a base de maíz, frijol, hierbas y plantas de la región el como cilantro, epazote, quintoniles, verdolaga,  huauzontle, chile, calabaza y nopal.

El maíz se consume tostado, molido o fresco, la mayor parte se muele para convertirlo en masa para la elaboración de tortillas, con la cual se elaboraban los tlacoyos de frijol o ayocote, también se preparan tamales, atole o torta de haba, la cual suele prepararse durante la cuaresma o en temporada navideña.

Dentro de los platillos que prevalecen desde nuestras abuelas podemos mencionar a las tlatlapas, que es un guisado caldoso con frijol amarillo asado en comal, aromatizado con epazote, el chile y el frijol como ingrediente estrella y principal. El sabor ahumado que le dan los frijoles tostados en el comal es lo que hace a esta sopa diferente y en nuestra población suele acompañarse con chicharrón.

Otros guisos que se preparan preservando estos sabores, encontramos el pipián rojo, el adobo o salsa de verdolagas con carne de puerco o con longaniza, charales en salsa verde con calabacitas y para acompañar estos platillos la salsa de chipotle con charales o la de molcajete con chito.

Como dejar de mencionar al tradicional mole de guajolote que se sirve acompañado de arroz, frijoles y tamales largos o de frijol, los mixiotes de carnero o de res y las carnitas que se ofrecen en las celebraciones religiosas o sociales.

Dentro de las bebidas ancestrales, encontramos el “atole de judas”, recientemente ganador del primer lugar en el Concurso Gastronómico DIF 2021, galardonado por su sabor y por haberse considerado endémico del lugar. Este atole está hecho con maíz azul o rojo, el cual le da dulzura y su sabor peculiar, además de que es una bebida que sólo se prepara el viernes de dolores, de donde se origina el nombre de Judas, pues guarda relación con la pasión y muerte de Jesucristo ya que nuestro municipio es muy creyente y arraigado en su religión.

Entre otras bebidas que podemos saborear a lo largo del año, está el chilatole y el cacao, agua de barranca o cacahuatole, que es una bebida prehispánica preparada a base de cacao, maíz, haba, canela, anís y azúcar.

Como postres, se preparan los burritos de maíz, que es maíz tostado con canela endulzados con miel de piloncillo y el pinole que es un polvo de maíz condimentado con canela, anís o cacao.

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